El Parque Forestal: 113 años de historia

Inserto en el centro de la capital chilena y con casi 17 hectáreas de superficie, el Parque Forestal es visita obligada tanto para turistas como para santiaguinos, quienes a diario recorren sus senderos o disfrutan de sus mágicos rincones, como la imperdible postal que entrega la afrancesada fachada del Museo de Bellas Artes.

Sin embargo, si retrocedemos en el tiempo unos ciento veinte años, descubriremos que el terreno donde se ubica el parque formaba parte del río Mapocho, y que mucho antes de los elegantes edificios, el sector era un enorme basural.

¿Cómo se formó entonces este importante jardín urbano?, ahora lo descubriremos.

Es 1886. Son cientos los trabajadores que bajan a la ribera del río Mapocho, cargando palas y chuzos, mientras llenan con piedras las carretas tiradas por bueyes o alguno de los carros de carga que son movidos por locomotoras a carbón. Todos ellos trabajan en uno de los principales sueños de los santiaguinos: ver canalizado el feroz río que todos los inviernos se desborda y causa numerosos estragos. La idea estaba ya en la mente del Intendente Vicuña Mackenna, pero no fue hasta la creación del Ministerio de Obras Públicas en 1885 que se pudo llevar a cabo. Ese mismo año, el ingeniero Valentín Martínez presenta a la Municipalidad de Santiago un proyecto que contempla además de la canalización del río, el aumento de la superficie de terreno utilizable en el sector comprendido entre el inicio de la Alameda y el Mercado Central.

Plano del proyecto de canalización del Río Mapocho, V. Martínez. 1885. Colección Mapoteca de la Biblioteca Nacional de Chile

Luego de la finalización de las obras en 1891, la capital ganó un espacio considerable al norte de la calle Merced, pero lamentablemente no existía aun un proyecto que le diera uso definitivo. Por lo mismo, el sector se fue llenando de basura, escombros, rancheríos y hasta prostíbulos, donde en la noche abundaban las peleas y la delincuencia. Para evitar esto, la primera medida que tomó el gobierno fue comenzar a forestar el lugar con la intención de formar una especie de paseo campestre; sin embargo, cuando asumió Enrique Cousiño Ortúzar la Intendencia de Santiago en 1900, la idea le pareció un poco mezquina, e impulsó el proyecto de construcción de un parque público moderno en los terrenos ganados al río.

La concepción de este nuevo espacio urbano tomaría como modelo el lejano Jardin de la Nouvelle Suisse (hoy llamado Jardin de la Nouvelle France) levantado sobre los viejos terrenos del Jardin du Roi en París, famoso por albergar parte de la Exposición Internacional de 1900. El parque se extendía sobre un terreno plano bordeando el río Sena, teniendo la particularidad de extenderse unos kilómetros dentro de la ciudad formando una especie de bosque a la inglesa, interrumpido por calles para vehículos, vías peatonales, senderos, monumentos, kioskos de música, terrazas, cascadas y diversas especies arbóreas de interés botánico. Además, el lugar había tomado especial protagonismo en la vida parisina luego que se construyeran ahí el Petit Palais y el Grand Palais, iconos de la arquitectura moderna francesa.

Soñando en contar con nuestro propio Jardin de la Nouvelle Suisse, el Intendente Cousiño junto al Alcalde Ismael Valdés Vergara, contratan los servicios de Georges Dubois Rottier un experimentado paisajista francés titulado en la École Nationale Supérieure d’Horticulture de Versailles, quien había llegado a Chile a fines del siglo XIX empleado por el gobierno para hacerse cargo de los jardines del Congreso Nacional y la remodelación de la Quinta Normal. Más tarde sería él, el encargado de dar forma a numerosos jardines privados, como el parque del Fundo Los Toros en Puente Alto, el de la Hacienda Lo Águila, el Jardín Botánico Nacional (antigua Quinta El Olivar de Pascual Baburizza), el parque del fundo Peralillo, los jardines de la Viña Undurraga, el parque de la Hacienda La Punta, entre otros iconos del paisajismo nacional.

Jardines del Ex Congreso Nacional de Chile. Fotografía Fernando Imas, 2012. Archivo Patrimonial Brügmann

El paisajista diseña un parque lineal al sur del Mapocho, con la particularidad de ser abierto e integrado a las nuevas urbanizaciones a través de caminos peatonales y vehiculares; que dejaban espacio para la creación de atractivos zonas inundables  como lagunas y riachuelos unidos por rústicos puentes. Dubois piensa el lugar como un jardín a la inglesa, donde sin estructuras destacables en el terreno, convierte a los árboles en los verdaderos protagonistas, escogiendo las especies cuidadosamente para que las variaciones de color en las hojas, generaran diferentes atmósferas  durante todo el año. En 1905 las obras fueron inauguradas, y sin saberlo, el parque que había diseñado Dubois se convirtió en un modelo dentro del paisaje urbano que se replicaría décadas más tarde en diferentes áreas del río Mapocho y el canal San Carlos, formando en parte, el carácter de nuestra capital.

 Parque Forestal de Santiago en 1908. Archivo Patrimonial Brügmann

Ese mismo año se aprobaron los fondos para comenzar la construcción del Museo Nacional de Bellas Artes, un ambicioso proyecto encabezado por el arquitecto Émile Jéquier quien había tomado inspiración en el Petit Palais de Paris, cuyos volúmenes rematados por cúpulas redondeadas y sus estructuras metálicas ornamentales, volvían locos a los jóvenes arquitectos, que lo consideraban el símbolo más perfecto de la arquitectura moderna francesa de ese entonces.

Sabiendo las expectativas que una obra de esta magnitud generaba, las autoridades no pudieron escoger un lugar más apropiado para su emplazamiento: al centro del recién estrenado Parque Forestal.

 Palacio de Bellas Artes en plena construcción, fotografía c. 1905. Archivo Dirección de Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas.

Hacia 1909, Georges Dubois es llamado para realizar los jardines que rodearían el nuevo museo, trabajos que debían estar listos en el plazo de un año pues debían estar listos para acoger las actividades del Centenario. Siguiendo la estética del edificio, el paisajista decide rodearlo con una serie de jardines a la francesa, todos muy ordenados, separados por caminos de maicillo y ornamentado con parterres, disponiendo una serie de árboles ornamentales que al crecer, realzarían la belleza de la arquitectura y sus diferentes perspectivas. Aprovechando los trabajos, las autoridades deciden modificar el parque Forestal, eliminando definitivamente la laguna artificial que remataba la zona oriental, pues en ese lugar se ubicaría el monumento que la colonia Alemana estaba preparando; paralelamente, convierten la laguna central en un espejo de agua para reflejar la arquitectura del nuevo museo, potenciándolo además con la construcción de una nueva plaza frente a él, sitio donde ubicaron el Obelisco conmemorativo regalado por la colonia francesa. Sabiendo que esta laguna serviría también para los paseos en pequeñas embarcaciones, el pintor Álvaro Casanova Zenteno decide construir en su ribera norte,  un pintoresco castillito con el fin de establecer ahí la casa de botes y la bodega de jardinería.

 Palacio de Bellas Artes, fotografía c. 1910. Archivo Dirección de Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas.
Academia de Bellas Artes, fotografía c. 1910. Archivo Dirección de Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas.

Cuando en 1910 se inauguró el Palacio de Bellas Artes y su remozado entorno, el entusiasmo de las autoridades y el asombro de los asistentes debe haber sido extraordinario, pues la escenografía que habían montado Dubois y Jéquier, era el símbolo que nuestro país necesitaba para demostrar al mundo el nivel de progreso de la joven república; un progreso que para muchos, era tan sólo eso, una propagandística escenografía; pero eso es motivo de otro reportaje.

El Parque Forestal y el Palacio de Bellas Artes durante la nevada de 1912. Archivo Patrimonial Brügmann.

Los festejos del Centenario y la apertura del museo, ayudaron a expandir definitivamente la ciudad hasta las riberas de ese sector del Mapocho. No debe resultar extraño entonces que el Parque Forestal y sus alrededores experimentaran a partir de ese momento un explosivo auge inmobiliario, donde numerosas familias acomodadas decidieron apostar por una vida más moderna. Muy cerca de la Academia de Bellas Artes, en la esquina de Ismael Valdés con Esmeralda, construyó una afrancesada casa de tres pisos Carmen Iñiguez de Errázuriz; mientras que Bartoldo Roerting encarga un edificio ecléctico en la esquina de Miraflores (donde se ubicó por años el Hotel Dresden). El político Fernando Lazcano también se traslada al barrio, a una vivienda de estilo italiano por años conocida como Casa Naranja; y justo al frente, el doctor Carvallo levanta su casa rematada por una cúpula, en cuyos bajos dispuso una galería abierta de pinturas, quizás la primera de su tipo en nuestro país.

Vista del Parque Forestal hacia el poniente, desde la Academia de Bellas Artes, fotografía c. 1910. Archivo Dirección de Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas.
La afrancesada postal de la calle Ismael Valdés Vergara, a un costado la casa del Dr. Carvallo, diseñada por el arquitecto Manuel Cifuentes. Fotografía Enrique Mora, c. 1925. Archivo Patrimonial Brügamann.
Casa de Anita Lyon de Álamos en la calle Merced esquina Irene Morales, diseñada por el arquitecto argentino Martin Noel en 1923. Archivo Patrimonial Brügmann, gentileza de Cristián Albagly.

Próxima al Museo, en la esquina de José Miguel de la Barra con Ismael Valdés, se ubicó la antigua Embajada de Francia habitada por el famoso ministro Paul Deprez; y en la calle Merced, que era la más cotizada, construyó su casa el fotógrafo francés Leon Durandin –primero en utilizar la técnica de autocromo en Chile-, así como también Anita Lyon de Álamos, quien llamó al arquitecto argentino Martin Noel para construir un palacete en estilo neocolonial. Del mismo estilo eran los suntuosos edificios que ocupaban las embajadas de Perú y España; mientras que el político Ricardo Valdés levantó una casa renacentista en la esquina de calle Estados Unidos, haciendo fuerte contraste con las afrancesadas mansiones de Julio Nieto –hoy Colegio Químico Farmacéutico- y de Ramón Balmaceda, que tenían la particularidad de mirar al parque y a la Alameda, además de contar con enormes terrazas sobre la cubierta, ideales para tener una vista 360° sobre todo Santiago.

Casa de Carlos Avalos en el Parque Forestal, obra del arquitecto Julio Bertrand. 1919
Casa de Ricardo Valdés en el Parque Forestal, obra del arquitecto Julio Bertrand. 1919
Casa de Ramón Balmaceda en el Parque Forestal, obra del arquitecto Julio Bertrand. 1919
Casa de la familia Nieto en la calle Merced 50, obra del arquitecto Jorge Schroeder; hoy Colegio de Químicos Farmacéuticos de Chile. Fotografía Fernando Imas, 2015, Archivo Brügmann
Casa de la familia Nieto en la calle Merced 50, obra del arquitecto Jorge Schroeder; hoy Colegio de Químicos Farmacéuticos de Chile. Fotografía Fernando Imas, 2015, Archivo Brügmann
Casa de la familia Nieto en la calle Merced 50, obra del arquitecto Jorge Schroeder; hoy Colegio de Químicos Farmacéuticos de Chile. Fotografía Fernando Imas, 2015, Archivo Brügmann

Conociendo las bondades que entregaba este nuevo sector, el magnate salitrero Augusto Bruna decide encomendar la construcción de un pequeño chalet al arquitecto Julio Bertrand, cuya personalidad profundamente creativa encontró acogida en el beneplácito mandante y en sus caudales de dinero, quien permitió que el proyecto fuera creciendo sin medida, hasta que el presupuesto inicial de 500 mil pesos se disparara hasta los 2 millones; convirtiendo el discreto chalet inicial,  en un verdadero palacio de estilo italiano de 2.200 m2. Sin embargo, la emoción duró muy poco: Julio Bertrand muere de tuberculosis sin ver el palacio terminado, asumiendo las obras su amigo Pedro Prado; y tan sólo meses después de su finalización, el recrudecimiento de la crisis del salitre obliga al señor Bruna a vender su mansión, sin siquiera poder habitarla. Pasa entonces a manos de los Estados Unidos, país que instala ahí la residencia de su embajador, siendo el ministro Claude Bowers el huésped más recordado. Hoy el palacio pertenece a la Cámara Nacional de Comercio, conservándose en excelentes condiciones.

Palacio Bruna, obra de los arquitectos Julio Bertrand, hoy Cámara Nacional de Comercio. Fotografía Fernando Imas, 2015, Archivo Brügmann
Palacio Bruna, obra de los arquitectos Julio Bertrand, hoy Cámara Nacional de Comercio. Fotografía Fernando Imas, 2015, Archivo Brügmann
Palacio Bruna, obra de los arquitectos Julio Bertrand, hoy Cámara Nacional de Comercio. Fotografía Fernando Imas, 2015, Archivo Brügmann

No sólo palacios y grandes mansiones fueron parte del barrio, sino que el Parque Forestal inauguró una nueva etapa constructiva cuando el ingeniero Juan Tonkin construye un edificio de cuatro niveles destinado a departamentos familiares. Siguiendo el mismo modelo, pero imbuido ya en la magia del art déco y el art nouveau, el arquitecto chileno Luciano Kulczewski decide emprender un negocio inmobiliario construyendo en la calle Merced dos edificios en altura para departamentos, que se constituyeron en su momento, como los primeros rascacielos de la capital: el más conocido de ellos –llamado por décadas como La Gárgola- hoy sirve al Hotel Luciano K.

Junto a un barrio en plena expansión, el Parque Forestal se convirtió en el lugar de moda, un imperdible para los turistas y paseo obligado de todos los vecinos quienes acudían a diario para disfrutar de los sinuosos caminos, de lecturas bajo los árboles, de la plaza de juegos para niños o simplemente para dar una vuelta en bote por la laguna. Como todo gran paseo, el Parque Forestal  ofrecía a los visitantes numerosas muestras de arte público como el Obelisco de la colonia francesa diseñado por el escultor Guillermo Córdova, o la impresionante Fuente Alemana, obra del reputado escultor Gustav Eberlein. También el Monumento al Bombero, realizado por el artista catalán Antonio Coll i Pi; o la fantástica alegoría a Icaro y Dédalo (Unidos en la Gloria y en la Muerte) de la escultora Rebeca Matte.  Más tarde se trasladará al parque el antiguo monolito de los Escritores de la Independencia, y en la década del 40, el escultor chileno Raúl Vargas creará el Monumento a Rubén Darío, en honor al poeta nicaragüense; mientras que el escultor Manuel Domínguez donará un busto de piedra de Sebastian Bach; al que se sumarán otros como Abraham Lincoln,  el General Bartolomé Mitre y uno en honor al escritor Manuel Magallanes Moure, de la escultora Laura Rodig.

La Fuente Alemana en el  Parque Forestal, fotografía c.1920.  Archivo Patrimonial Brügmann
La laguna del Parque Forestal, fotografía c.1925.  Archivo Patrimonial Brügmann

Las actividades sociales también se hicieron presentes en el parque, y junto a las fiestas de caridad, las ferias de fiestas patrias, o los mercados navideños; destacaba la presencia de “La Terraza del Parque Forestal”, uno de los primeros lugares para ir a bailar al aire libre. Ahí, en una explanada elevada junto a la laguna, cientos de jóvenes se reunían a diario para disfrutar de la música de la orquesta que tenía su sitio especial bajo una pérgola de madera, y animaba las calurosas noches de verano al ritmo del one-step, el charleston y el foxtrot.

A estos animados bailes, se sumaba otro evento que acaparaba multitudes, se trataba de los corsos de primavera, donde las señoritas más conocidas de la capital competían para ganar el título de reina, paseándose en carros alegóricos por todas las cuadras. “Los corsos de flores eran una de nuestras grandes distracciones por aquel tiempo. Se organizaban magníficamente con fines de beneficencia por las más ilustres señoras de la sociedad, en los meses de octubre y noviembre, y muchos fueron presididos por el Presidente de la República y su familia. Los de gran fuste se efectuaban en las avenidas del Parque Forestal, y a la verdad, se exhibían arreglos primorosos. Los automóviles –de los poquísimos que contaba Santiago- de las Edwards Mac Clure, llevábanse generalmente los mejores premios; nos maravilló una vez un enorme cisne de alelíes y nardos blancos en que una de ellas iba dentro de un traje de Lohengrin y que habría figurado en primer lugar en el Carnaval de Niza; otro año presentaron una primorosa zapatilla. Silvia y Eliana Salas se presentaban también todos los años con lindos arreglos; Anita Lyon de Álamos manejó una vez un toneau arreglado entero con cerezas, las que huasca en mano tuvo que defender la bella auriga de la infantil glotonería…”.

Uno de los coches alegóricos del Corso de Primavera de 1923 en el Parque Forestal.  Archivo Patrimonial Brügmann
Paseantes en el Parque Forestal en 1923.  Archivo Patrimonial Brügmann
Hombre y  niña en el Parque Forestal en 1929.  Archivo Patrimonial Brügmann
Mujeres y niña en el Parque Forestal en 1929.  Archivo Patrimonial Brügmann

Los años tranquilizaron los movimientos en el parque, y conforme sus habitantes iban envejeciendo, el lugar se transformó en un sector residencial tranquilo y silencioso. En 1944 la famosa laguna es finalmente drenada tras años de reclamos de los vecinos por las insalubres condiciones de las aguas. Su pérdida no sólo representaba el fin de uno de sus mayores atractivos, sino que iniciaba un lento proceso de deterioro que irá desvirtuando el diseño original de Dubois, donde la presencia del agua se constituía como una característica del paisaje. En esa misma década la terraza es transformada en un patio de juegos, y comienza una renovación urbana en las principales calles del barrio, construyéndose numerosos edificios de departamentos diseñados por arquitectos de vanguardia como Eduardo Costabal, Juan Echenique, León Prieto Casanova, Ignacio Tagle, Carlos de Landa y Andrés Garafulic; quienes contribuyeron en su momento a una respetuosa densificación del centro de Santiago; tendencia que se mantendrá constante en las décadas siguientes.

Los colores del Parque Forestal de Santiago en otoño de 2018, en esta notable fotografía de Andrés Jorquera, cuya cuenta en instagram @jpandres no puedes dejar de seguir !!
Los colores del Parque Forestal de Santiago en otoño de 2018, en esta notable fotografía de Andrés Jorquera, cuya cuenta en instagram @jpandres no puedes dejar de seguir !!

Durante los años 70 y los 80, el Parque Forestal vive momentos turbulentos, incidentes que se suman a un decaimiento en el cuidado de sus jardines, árboles y monumentos. Surgen entonces diferentes iniciativas vecinales para revitalizar los espacios, y la llegada de jóvenes al barrio ayuda a generar un ambiente cada vez más animado, sobre todo por la presencia de numerosos profesionales, artistas e intelectuales que deciden apostar por una vida junto a este importante espacio público. La década de los 90 traerá consigo un recambio de habitantes y la llegada masiva del comercio, librerías, museos, anticuarios, talleres de artistas, restaurantes, galerías y cafés, que pondrán nuevamente al barrio en la retina de las autoridades, quienes inyectarán recursos para mejoras sus áreas verdes. Conjuntamente a este proceso, en 1997, el Parque Forestal es declarado Zona Típica junto con los cuatro puentes metálicos que cruzan el río Mapocho, parte también de la renovación urbana que este parque significó para Santiago.

El Parque Forestal en la década de 1960. Archivo Patrimonial Brügmann, gentileza familia Marín Arrieta
El Parque Forestal en la década de 1960. Archivo Patrimonial Brügmann, gentileza familia Marín Arrieta
Los colores del Parque Forestal de Santiago en otoño de 2018, en esta notable fotografía de Andrés Jorquera, cuya cuenta en instagram @jpandres no puedes dejar de seguir !!
Los colores del Parque Forestal de Santiago en otoño de 2018, en esta notable fotografía de Andrés Jorquera, cuya cuenta en instagram @jpandres no puedes dejar de seguir !!
Los colores del Parque Forestal de Santiago en otoño de 2018, en esta notable fotografía de Andrés Jorquera, cuya cuenta en instagram @jpandres no puedes dejar de seguir !!
Los colores del Parque Forestal de Santiago en otoño de 2018, en esta notable fotografía de Andrés Jorquera, cuya cuenta en instagram @jpandres no puedes dejar de seguir !!

El Parque Forestal es un icono de nuestra capital que merece ser cuidado y respetado por los ciudadanos y sus autoridades, nunca está de más recordar la historia que envuelven espacios tan importantes como este, especialmente hoy cuando ha sido tema recurrente en la prensa por la polémica realización de la carrera automovilística de la Formula E en sus calles; y que dejó además de las postales de felicidad multitudinaria, un triste saldo de pérdida de infraestructura pública, de jardines, de destrucción de adoquinados y destrozos en una de las esculturas más reconocidas del país: “Icaro y Dédalo” de Rebeca Matte.

¿Santiago, y por sobretodo sus autoridades, están preparadas para hacer frente a un próximo evento de estas características? La discusión queda abierta…

Autores

Mario Rojas Torrejón- Fernando Imas Brügmann

Brügmann, 2018 C

Este es sólo un extracto de nuestra investigación, si tienes más información o te gustaría aportar con imágenes o algún antecedente nuevo, no dudes en escribir a contacto@brugmann.cl; y así contribuirás junto a nosotros al rescate de la memoria patrimonial de todos los chilenos. Se prohibe la reproducción parcial o total del artículo. Derechos de propiedad intelectual protegidos.
Bibliografía y fuentes consultadas: – 1. Album Arquitectos de la Universidad Católica- II Congreso Panamericano, Imprenta La Ilustración. Santiago de Chile, 1924 – 2. Qui êtes vous, Annuaire des contemporains. Maison Ehret., G Ruffy Éditeur.  Paris, Francia.  – 3. Revista Monographies de Batiments Modernes. 15 numero. E. Ducher éditeur. Paris, Francia.
By | 2018-04-15T02:07:49+00:00 abril 15th, 2018|Artículo|0 Comments

About the Author:

Leave A Comment

error: ¿Quieres utilizar alguna imágen o parte de nuestro texto? Escríbenos a contacto@brugmann.cl y cuéntanos la finalidad de su uso, para que podamos evaluar nuestra colaboración.