El terremoto de Valparaíso

EL TERREMOTO DE VALPARAÍSO

Fueron en total siete minutos angustiantes que sacudieron al orgulloso puerto de Valparaíso esa fatídica tarde del 16 de agosto de 1906. Dos fuertes terremotos causaron el pánico de la población que vio bajo los destellos de los relámpagos de una tormenta, como la vida que conocían se venía abajo en cosa de segundos. Fue una de las peores catástrofes de nuestra historia, un violento suceso agravado por la proliferación de incendios y el descontrol producto del pillaje que provocó una serie de cuestionados fusilamientos, incrementando considerablemente el número de víctimas.

 

¿Cómo quedó Valparaíso después de esta tragedia? Te invitamos a revisar este foto reportaje con algunos registros resguardados por nuestro Archivo Brügmann.

Ese jueves 16 de agosto de 1906  no hubo nada fuera de lo normal en el puerto de Valparaíso. Temprano por la mañana las iglesias recibieron a los fieles; en las grandes avenidas el comercio abrió puntualmente; los restaurantes y bares recibieron a los comensales; y los porteños pasearon como de costumbre por la avenida Brasil o la Plaza Victoria. No se hablaba de otra cosa que del encarcelamiento de Émile Dubois, el legendario asesino en serie; y eran muy pocos los que se acordaban ya del temor que había causado una curiosa predicción diez días antes, donde la Armada de Chile valiéndose del Método Cooper,  pronosticó eventos atmosféricos y telúricos en las costas de Valparaíso, principal puerto del Pacífico Sur.  La predicción había sido hecha por el capitán Arturo Middleton, y aunque hoy este método está muy desprestigiado, no deja de ser curioso evocar la desafortunada e inédita precisión que tuvo este anuncio.

Cerca de las 19 horas, el cielo se tornó rojizo y una leve tormenta comenzó a llenar de agua las calles, precipitando a los habitantes a refugiarse en sus casas. Los relámpagos no tardaron en llegar, y el ruido de los truenos resonaba en los vidrios, mientras algunos se preparaban para asistir al teatro y otros se reunían junto a sus familias en torno a la mesa para comer.

La avenida Brasil era el principal paseo de Valparaíso a fines del siglo XIX, sitio predilecto de reunión y donde se ubicaron importantes residencias como las del industrial Agustín Ross -a la izquierda-, actualmente ocupada por el Club Alemán. Fotografía c.1890, Archivo Brügmann.

De pronto, a las 19:55, un ruido subterráneo silenció las risas y la conversación, causando el estupor de la gente que vio con pavor como los muros comenzaron a agitarse lentamente para luego agrietarse y finalmente caer cuando esos pequeños movimientos se convirtieron en violentos remezones que perduraron durante 4 minutos. Pronto, otro terremoto igual de fuerte sobrevino, derribando todo lo que había quedado en pie, y matando a quienes escaparon de sus casas pensando que en la calle encontrarían salvación. La lluvia no ayudaba, y por el corte de los ductos del alumbrado, la ciudad quedó rápidamente sumergida en la penumbra, una oscuridad terrorífica que se tornaba dantesca cada vez que la fugaz llamarada de los rayos iluminaba por un segundo la ciudad y dejaba ver el horror y la destrucción de este fatídico suceso. “Muchos sólo bajaron o salieron al arreciar los sacudimientos en los comienzos del segundo período, y éstos fueron los momentos más dolorosos de la catástrofe. La violencia furiosa de los remezones no permitía andar, el descenso por las escaleras era difícil, casi imposible, y en la obscuridad nadie se orientaba, resonaban los clamores con que los miembros de cada familia se llamaban mutuamente, y al fin salían a la calle donde creían hallar la salvación pero allí se derrumbaban sobre ellos las grandes cornisas y pesadas ornamentaciones de los edificios, que los aplastaban produciendo un horroroso desparramo de sangre y miembros despedazados; no sólo adornos, murallas, casas enteras caían hacia las calles y aplastaban grupos completos de gentes, que morían de muerte instantánea”.

La ciudad quedó sumergida en un silencio sepulcral, interrumpido por gemidos, alaridos de dolor y llantos de cientos de personas que buscaban a sus seres queridos entre los escombros. La terrible situación se vio agravada por una serie de incendios que comenzaron a propagarse entre las ruinas producto del gas que emanaba de las tuberías.

En el sector de El Almendral, el sólido Teatro Victoria –levantado por Fehrmann en 1886- cayó como si hubiera estado fabricado con cartón; el lujoso palacio de Juana Ross de Edwards sobrevivió al terremoto pero fue destruido por un incendio; y muy cerca de ahí, en la calle Manuel Rodríguez, el terremoto sorprendió a Leonor Frederick (la esposa del Presidente Jorge Montt) junto  a su hija en el balcón de su casa; el que se derrumbó con ellas cuando el muro de la casa del frente cayó. Ambas quedaron atrapadas entre los escombros y heridas gravemente, pero sobrevivieron. En la calle Victoria la familia González Quezada escapó ilesa del sismo, saliendo de su casa para encontrar la muerte en la calle cuando el muro de la construcción vecina cedió, aplastando a todos, sólo algunos de ellos lograron sobrevivir.

Todas las calles del puerto reflejaban destrucción, se perdió la valiosa Iglesia de La Merced en la calle Victoria, los edificios alrededor de la Plaza Echaurren quedaron muy malogrados, el mercado El Cardonal quedó totalmente destruido, el Internado Inglés en la Avenida Brasil corrió la misma suerte,  la mayoría de los asilos y hospitales se desplomaron; los grandes edificios comerciales se incendiaron; en la avenida Independencia el colegio de los Sagrados Corazones y su iglesia desaparecieron bajo los escombros; y hasta los cuarteles de bomberos sucumbieron a las llamas, impidiendo su colaboración en la catástrofe. De la calamidad, el genealogista Felipe Vargas Brignardello recuerda “Un antepasado mío, José Torres Romero, tenía en ese momento un importante estudio fotográfico en Valparaíso y vivía junto a su mujer María Clotilde Azócar quien estaba embaraza de seis meses. El pánico producto del sismo y la conmoción que generó en ella las noticias de los fallecidos, hizo que a María Clotilde se le adelantara el parto,  dando a luz en condiciones deplorables a su hija Elsa Torres Azócar, quien nació prematura el mismo 16 de agosto…”

Retrato de Elsa Torres Azócar, quien nació en medio de la catástrofe del 16 de agosto de 1906. Fotografía gentileza Felipe Vargas Brignardello.
Retrato de Émile Dubois, asesino en serie de Valparaíso, y hoy un verdadero santo cuya tumba es lugar de peregrinación para cientos de porteños.

En la cárcel de Valparaíso se vivió también una situación especial: habían en ese momento 598 presos entre ellos el más famoso: el asesino Emile Dubois. Muchos de los muros de los calabozos colapsaron, y los minutos que continuaron después del terremoto fueron de gran tensión, pues se debía contener a los reos, atender a los heridos y procurar que ninguno de ellos se perdiera de vista. Dubois instó a sus compañeros a amotinarse, y aprovechando la apertura del taller de máquinas, algunos de ellos robaron combos y herramientas para comenzar a romper las cerraduras de los calabozos. La misma celda de Dubois fue abierta con un agujero en la muralla, y el francés fue disfrazado con un poncho y chupalla para escapar. Afortunadamente el alcaide Marcial de Lois y los gendarmes se percataron del suceso, atrapando rápidamente a todos los criminales, evitando así una nueva complicación para el ya malogrado puerto. Dubois será fusilado meses más tarde y su muerte dará origen a una curiosa devoción, al ser considerado el patrono de los delincuentes y hoy un verdadero santo que ha hecho milagros al sanar a personas enfermas. Cierto o no, Emile Dubois es una de las principales leyendas porteñas.

La situación en Valparaíso se agravó con el paso de las horas, las labores de rescate tardaban porque no había personal para hacer frente a la tragedia, los hospitales estaban en el suelo y los heridos morían entre los escombros o camino a algún centro asistencial. La delincuencia se apoderó también de las calles, cientos de personas comenzaron a robar lo poco que quedaba de las casas, y hay quienes incluso, comenzaron a cortar dedos y orejas para arrancar los objetos de valor que portaban muchos cadáveres.

Los sobrevivientes se agolparon en las plazas donde montaron precarias carpas para huir del frío y la lluvia, algunos convirtieron los tranvías en refugios, y otros se mantuvieron sobre los escombros de sus casas para repeler los saqueos. Dos días después del sismo, la insalubridad producto de la descomposición de personas y animales bajo las ruinas se hizo evidente e insostenible, iniciándose una rápida recolección de cadáveres en cuadrillas organizadas por el doctor José Grossi, Jefe del Servicio Sanitario, y figura clave que veló por el auxilio de los heridos y la instauración de medidas higiénicas en el puerto para evitar epidemias y enfermedades que pudieran incrementar el número de víctimas fatales.

Labor importante también cumplió el Intendente Enrique Larraín Alcalde, el jefe de policía Enrique Quiroga y el Almirante Luis Gómez Carreño, quien tuvo la difícil tarea de repeler la delincuencia en el puerto, iniciando una serie de arrestos que culminaban en fusilamientos públicos de delincuentes, situación que hoy genera mucho resquemor pues no faltaron los cuestionamientos posteriores por muertes inocentes. A pesar de las controversias, el puerto paulatinamente fue recuperando su control, y desde todo Chile llegó ayuda, compañías de bomberos se trasladaron a Valparaíso, se enviaron víveres y agua potable desde otras provincias y las mismas colonias residentes levantaron asilos y centros de ayuda humanitaria en las principales calles.

El Cementerio de Valparaíso no se salvó de la destrucción, cientos de mausoleos y tumbas sucumbieron ante el terremoto, y las pocas que se salvaron debieron acoger a los numerosos cadáveres de amigos y parientes que lograron ser rescatados e identificados entre los escombros. Fotografía 1906, Archivo Brügmann.

La catástrofe del 16 de agosto de 1906 dejó más de 3000 muertos, 20.000 heridos, miles de personas damnificadas y un Valparaíso completamente destruido. El sismo no sólo afecto al puerto, sino que el desastre alcanzó  a todas las localidades vecinas, incluidos Quillota, Limache, Viña del Mar y también Santiago.

El gobierno de don Pedro Montt procuró enviar los recursos suficientes para iniciar rápidamente la reconstrucción de Valparaíso, y de hecho la ciudad que conocemos hoy es parte de toda esa recuperación que vivió el puerto durante los diez años posteriores a la catástrofe. Diversos actores llegaron para colaborar desde diferentes disciplinas, entre ellos muchos arquitectos como los italianos Renato Schiavon y Arnaldo Barison, quienes legaron al puerto edificios tan valiosos como la Biblioteca Severin, el palacio Baburizza y el famoso palacio Rivera en la calle Serrano –cuya historia puedes revisar acá– que perteneció al diputado Guillermo Rivera, quien fuera uno de los principales actores que colaboró la reconstrucción de Valparaíso. También la catástrofe lanzó a la notoriedad a otro porteño, el arquitecto Esteban Harrington, cuyos edificios como el Palacio Des Cars (actual Club Naval), el Hotel Victoria, el Hotel Royal y diversas propiedades comerciales, no sucumbieron ante la hecatombe, y permanecieron casi intactos a pesar del fuerte sismo. Este hecho le dio fama de construir edificios indestructibles, encargándosele diversas obras que subsisten hasta hoy.

La fascinante fachada veneciana del Palacio Rivera Baeza fue uno de los iconos de la reconstrucción del puerto, propiciada por su propietario el diputado Guillermo Rivera. Puedes conocer la historia de esta casa en otro de nuestros artículos, pinchando ACÁ.

El terrible terremoto de Valparaíso en 1906 que alcanzó los IX grados mercalli, motivó a las autoridades a la creación del Servicio Sismológico Nacional, contratándose al francés Ferdinand Montessus de Ballore para su dirección, dando origen a lo que hoy es el Centro Sismológico Nacional.

Recordar este fatídico suceso, a las miles de víctimas, las cientos de historias familiares que ahí se generaron, y los valiosos inmuebles desaparecidos; es una motivación más para valorar a Valparaíso, el encantador puerto principal de Chile en cuyas calles aun es palpable la magia de una arquitectura asombrosa, la místicas de los personajes que recorren sus rincones y esa postal única que producen sus casas colgando del cerro interrumpidas por destartalados funiculares; que le otorgaron ser declarado por la UNESCO como un sitio Patrimonio de la Humanidad. Ahora te invitamos a revisar algunas fotografías pertenecientes a nuestro archivo:

 

Ruinas del edificio de la Gobernación Marítima de Valparaíso, tras el terremoto. Fotografía 1906, Archivo Brügmann.
Un grupo de damnificados en las inmediaciones de la avenida Brasil en Valparaíso, donde se pueden observar los escombros de edificios comerciales y los pocos que quedaron en pie como el Gran Hotel. Fotografía 1906, Archivo Brügmann.
Ruinas de un edificio no identificado en Valparaíso. Fotografía 1906, Archivo Brügmann.
Ruinas de casas en el sector de Playa Ancha en Valparaíso. Fotografía 1906, Archivo Brügmann.
Escombros y ruinas de edificios en la avenida Independencia. Fotografía 1906, Archivo Brügmann.
Ruinas de la antigua iglesia de La Merced, en la calle Victoria, cuyas torres debieron ser dinamitadas dos días después del terremoto para evitar un nuevo derrumbe. Fotografía 1906, Archivo Brügmann.

Autores

Mario Rojas Torrejón- Fernando Imas Brügmann

Brügmann, 2018 C

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By | 2018-08-17T01:44:35+00:00 agosto 16th, 2018|Artículo|0 Comments

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