¿Sabías que nuestro edificio de la Intendencia de Santiago tiene un mellizo en Paris?

Si tienes la suerte de caminar por la céntrica rue Réaumur de Paris, notarás que entre todos esos inconfundibles edificios haussmanianos destaca uno que para ningún chileno pasará desapercibido. Es que su disposición en una esquina, su ornamentación, sus ventanas, su cúpula, su reloj y hasta las rejas, guardan especial similitud con el edificio de la Intendencia de Santiago.

¿Cuál se construyó primero?, ¿en qué se parecen?, ¿quiénes fueron sus arquitectos?, ¿cumplen una función similar? son algunas de las interrogantes que intentaremos revelar en este artículo.

Para muchos, el edificio de la Intendencia de Santiago representa el progreso, la modernidad, el lujo y la armonía decorativa que alcanzó la arquitectura chilena a principios del siglo XX, sobretodo considerando que su autor -el arquitecto Manuel Cifuentes- fue el primer egresado de la Universidad Católica de Chile y todo un orgullo para esa generación de profesionales que transformaron la cara de nuestra capital.

Pero ¿qué pasaría si te dijéramos que esa espectacular fachada afrancesada no es más que una copia de una existente en las viejas calles de Paris? Si, aunque no lo creas muy cerca de la Bolsa de Comercio Francesa, enfrentando una esquina de la famosa rue Réaumur se encuentra un inmueble tan familiar para cualquier santiaguino que por un momento creerás ver en uno de sus balcones asomarse al Intendente  Claudio Orrego.

Puede sonar divertido, pero este mellizo parisino nos genera más preguntas que respuestas.

Para comprender un poco el hecho de encontrar muchas veces similitudes en la arquitectura, debemos remontarnos a la segunda mitad del siglo 19 cuando la moda mundial era revivir y reinterpretar los estilos históricos de una forma más libre, dando paso a una tendencia dentro del diseño que se denominó eclecticismo.

Este eclecticismo fue altamente propiciado por las escuelas francesas de arquitectura, cuyos alumnos recibían una educación diversa enfocada especialmente en el manejo de los estilos formales y la enseñanza de la nueva mirada en el concepto de ciudad que tenía como base las reformas del Baron Haussmann en el Paris del Segundo Imperio. Ya egresados, muchos de ellos eran contratados por los países americanos que imbuidos en los novedosos ideales del progreso urbano, querían transformar completamente las viejas ciudades coloniales, tal como pasó con Santiago y el Intendente Vicuña Mackenna.

La élite de la época influenciada por las costumbres europeas, quiere ahora contar con una infraestructura urbana que le permita desarrollar un nivel de vida sofisticado, con lugares de esparcimiento como parques, teatros, clubes y paseos; polos comerciales, edificios institucionales magníficos y por supuesto, viviendas lujosas donde poder desarrollar el intrincado y jerárquico estilo de vida social que impuso el siglo XIX.

La prensa, la fotografía y los libros permiten además abrir los ojos a los ciudadanos a las tendencias que se estaban desarrollando en todo el mundo, especialmente en Europa, donde surgen por doquier atractivos hitos urbanos –edificios- que se convierten en modelos a seguir por representar el desarrollo tecnológico, la perfección, la armonía, el exotismo o la elegancia.

Es así como por ejemplo, el redescubrimiento de la fortaleza de La Alhambra de Granada simboliza el ideal de lo exótico para los habitantes de occidente, quienes toman como modelo las sinuosas formas de la arquitectura mudéjar para representar la extravagancia de lo desconocido en sus propios palacios o edificios gubernamentales. Un caso icónico es nuestra propia Alhambra chilena, diseñada en 1862 para el industrial minero Francisco Ignacio Ossa quien levantó un palacete nazarí en plena calle Compañía.

El Teatro Municipal de Santiago fue levandado en 1857 bajo los cánones de la arquitectura clásica francesa impuestas por el francés Francois Brunet de Baines. Sin embargo, tras el incendio de 1870 los nuevos arquitectos a cargo de la reconstrucción -entre ellos el saboyano Paul Lathoud- impregnaron en su fachada ciertas características similares a las famosas Grand Ópera de Lyon, sobretodo en sus arcadas y la disposición de esculturas como remate. Hay quienes afirman también que se tomó como modelo la Ópera de Reims (1873).

Ya en el siglo XX la inspiración vendrá de la mano con el progreso de la ingeniería, y será el famoso Petit Palais de Paris –erigido en concreto, fierro y cristal-  el edificio que inspirará al arquitecto chileno Émile Jéquier para levantar nuestro Museo Nacional de Bellas Artes, por encarnar en sí mismo la modernidad y el desarrollo que Chile necesitaba exhibir durante las fiestas del Centenario.

El primer patio desde el salón central de La Alhambra de Santiago. Fotografía Fernando Imas, 2015
Patio de Los leones de La Alhambra de Santiago, con una réplica de la famosa fuente de agua de la fortaleza de Granada. Fotografía Fernando Imas, 2015

Por último, la catástrofe del terremoto de 1906 en Valparaíso generó una renovación urbana sin precedentes, por lo que a la hora de pensar en construir una nueva Intendencia para concentrar el poderoso aparato administrativo se consideró levantar un edificio funcional y a la vez majestuoso. El arquitecto Urquieta tomó entonces como modelo la forma de los Hôtel-de-Ville que se habían impuesto en Francia a fines del siglo XIX, cuya característica principal era un prominente cuerpo central rematado por una alta mansarda y una torre del reloj, tal como se pueden encontrar en los ayuntamientos de Paris, Lyon, Tours, entre otros.

El Grand Thêatre de Reims y la Opera de Lyon parecen ser la fuente de inspiración para nuestro Teatro Municipal de Santiago, cuya fachada fue modificada en múltiples oportunidades por incendios, terremotos y también por decisiones ligadas a tendencias de la moda.  Postales fotográficas: Biblioteca Nacional de Francia. 
El Petit Palais de Paris  fue la inspiración de Émile Jéquier y de todos los otros proyectos que se presentaron al concurso para construir nuestro Museo Nacional de Bellas Artes.  Fotografías: Petit Palais en 1910, Biblioteca Nacional de Francia, y Museo de Bellas Artes nevado, 1912. Archivo Brügmann.
El Hôtel-de-Ville de Tours, así como otros similares en el resto de Francia, fueron la fuente de inspiración para el arquitecto chileno Ernesto Urquieta quien ganó el concurso del diseño de la nueva Intendencia de Valparaíso, construida entre 1907 y 1910. Fotografía: Plaza Sotomayor, c.1915, Archivo Brügmann

Teniendo estos antecedentes, ¿por qué entonces nuestra intendencia se parece a ese edificio parisino?

La rue Réaumur en Paris fue a principios del siglo veinte el epicentro de una fiebre constructiva que revolucionó la arquitectura francesa, pues por primera vez las alturas, las dimensiones y el esquemático orden Haussmaniano, experimentaba un profundo cambio para dar paso a edificaciones modernas que utilizaban materiales pioneros como el concreto armado y el metal. El uso de estos inmuebles también representaba un desafío pues debían albergar oficinas comerciales y talleres de manufacturas, porque sus propietarios eran principalmente magnates textiles que requerían de espacios amplios, funcionales pero también atractivos para concentrar sus negocios y atraer a la clientela. Surgen por doquier fachadas que se contraen y se adelantan, donde se incorporan mansardas, aleros metálicos, grandes vidrieras art nouveau, marquesinas de fierro, cúpulas vidriadas, terrazas y un sinfín de elementos ornamentales extravagantes, que se incrementaron cuando se estableció un concurso de fachadas en toda la calle, haciendo explotar las mentes de todos los nuevos arquitectos que participaron en esta renovación.

Vestigios de este pasado son el antiguo inmueble art nouveau que albergó una sucursal de la tienda por departamentos de Félix Potin; la monumental tienda À Réaumur con su marquesina metálica; el edificio del diario L’intransigeant; el moderno inmueble con fachada metálica y vidriada del diario Le Parisien Libéré; y el elegante edificio del número 134, motivo de este artículo.

Jacques-René Hermant (18
Jacques-René Hermant (1855-1930)

Una de las principales figuras de esta renovación urbana es sin duda alguna el arquitecto Jacques-René Hermant (1855-1930) quien a pesar de impregnar en sus obras un acabado historicismo en las fachadas, supo adelantarse a los tiempos e innovar al romper con los esquemas espaciales convencionales de los interiores, dando paso a una distribución ingeniosa, diáfana y completamente revolucionara al incorporar las estructuras metálicas  y el uso pionero de losas de hormigón armado. Se le consideró en su momento como un iniciador de la arquitectura moderna, convirtiéndose en el maestro de cientos de estudiantes que recibieron su cátedra en la École de Beaux-Arts de Paris, y una verdadera autoridad en temas urbanos bajo el cargo de Architecte en chef de la Ville de Paris et du Gouvernement.

Hermant construyó numerosos edificios, entre los que destacan la casa de estilo art nouveau de Victor Luc en Nancy; el edificio de la Escuela Naval en Brest; la Salle Gaveau en Paris; el château de Voisenon; la tienda Aux classes laborieuses en Paris; y el espectacular edificio de la institución bancaria Société Générale en el boulevard Haussman, famoso por su foyer de estructura metálica con paneles vidriados e iluminado por una extensa claraboya con vitraux, hoy monumento histórico de Francia.

La casa Victor Luc en Nancy, Arq. Jacques Hermant, 1903
El Château de Voisenon, Arq. Jacques Hermant, 1901
La Salle Gaveau en Paris, Arq. Jacques Hermant, 1905
La central bancaria de la Société Générale en el boulevard Haussmann en Paris, Arq. Jacques Hermant, 1912
La central bancaria de la Société Générale en el boulevard Haussmann en Paris, Arq. Jacques Hermant, 1912
Edificio sucursal de la Société Générale en el 134 rue Réaumur de Paris, Arq. Jacques Hermant, 1901

Ilustración del edificio de la Société Générale, en la revista “Monographies de Batimens Modernes” de 1901, donde también aparecen las plantas del inmueble y detalles ornamentales.

En 1900 el arquitecto Hermant  levantó una sucursal de la Société Générale en el vértice de las calles Réaumur y Notre Dame des Victoires, desplegando en sus seis niveles y en la torre de remate toda la magia de la estética Beaux Arts, realzada por una cúpula con mirador, y un reloj decorado por sobre relieves del escultor Alexandre Devêche.  El inmueble llamó la atención de la prensa por su tamaño, su disposición y atractiva propuesta ornamental, como consigna la revista “Monographies de Batiments Modernes” enfocada en la promoción de la nueva arquitectura francesa a principios del siglo veinte. Además el edificio fue galardonado con el Premio de Fachadas de la Rue Réaumur en 1900, por lo que su silueta enfrentando el antiguo palacio de la Bolsa, se convirtió en un icono indiscutido de la modernidad parisiense.

Los planos del inmueble revelan además una ingeniosa disposición de los espacios interiores, organizados en torno a un foyer circular al que se accedía a través de dos escaleras centrales que bordeaban la rotonda central, la que además tenía doble altura y era iluminada a través de una claraboya.

Postal que muestra la famosa Rue Reaúmur de Paris, con la sucursal del banco Société Générale en primer plano. 1905
Postal que muestra las escaleras y el foyer  circular de la sucursal del banco Société Générale en Paris, 1910
Remate y el reloj del edificio de la Réaumur en la actualidad, donde se aprecia la cúpula y los relieves de Devêche, 2015 

Las bondades del concreto armado y las estructuras metálicas se imponen dentro de la ingeniería y la arquitectura mundial, y a Chile llegan de la mano de dos franceses: Victor Auclair y Eugéne Joannon, pioneros en el uso de estas técnicas en nuestro país.

Especial fue el trabajo conjunto que desarrolló Auclair con un joven arquitecto chileno, Manuel Cifuentes Gómez, el hijo del conocido político conservador y uno de los fundadores de la Universidad Católica, Abdón Cifuentes Espinosa. Titulado en 1899, realizó varios viajes de estudio a Europa donde se relacionó con las nuevas tendencias constructivas viendo in situ la transformación que vivía Paris durante las primeras décadas del siglo 20, sobretodo las reformas que imponía el arquitecto Hermant. A su regreso, se convierte en un profesional muy apreciado por el elegante manejo del lenguaje de las Beaux Arts en las fachadas de sus edificios, así como también por su atractiva propuesta espacial que buscaba generar espacios luminosos, ventilados y decorativamente atractivos, utilizando recursos como las grandes vidrieras en los muros, claraboyas metálicas en los cielos, puertas corredizas, ascensores y escaleras voladizas.

De esta alianza surgen edificios tan icónicos como el palacio de don Abdón Cifuentes en la calle Dieciocho; el enorme e innovador conjunto de departamentos de la calle Bandera esquina Rosas; el demolido edificio del Banco Hipotecario, cuyo hall guarda especial similitud con el icónico edificio de la Société Générale de Paris; y una serie de viviendas particulares, dentro de las que destacan dos de ellas construidas para él mismo, en la calle Rosas y Almirante Barroso, ambas existentes.

Interior del Banco Hipotecario de Chile, en la calle Huérfanos esquina San Antonio, construido por Manuel Cifuentes y Victor Auclair. El espectacular foyer responde al lenguaje moderno incorporando estructura metálica a la vista, paneles vidriados y una extensa claraboya con vitrales. Desafortunadamente el edificio fue demolido. 
Fachada del edificio de renta de la compañía de seguros Chilena Consolidada en la manzana comprendida entre calle Banderas, Rosas, San Pablo y Capuchinos. Fue uno de los primeros inmuebles de departamentos, decorado con marquesinas de fierro y dos cúpulas, hoy inexistentes. Fotografía Fernando Imas, 2016 
Detalle de la casa que perteneció a Manuel Cifuentes en la calle Almirante Barroso 38. Fotografía Fernando Imas, 2015.
Manuel Cifuentes Gómez (1876-1957). Colección particular
Detalle de la casa que perteneció a Manuel Cifuentes en la calle Rosas. Fotografía Fernando Imas, 2015.

En 1913 la sociedad del Diario Ilustrado, conformada por un grupo de parlamentarios conservadores, le encarga a Cifuentes la construcción de un edificio capaz de contener las oficinas administrativas y de redacción de este medio de prensa, famoso por innovar al ilustrar las noticias con fotografías, algo poco común en la época. El solar elegido no era menos importante pues enfrentaba la esquina sur oriente de las calles Moneda y Morandé, en pleno barrio cívico de la capital. Por lo mismo, la arquitectura del nuevo edificio debía ser monumental, elegante e icónica, pues la presencia de este diario de tendencia conservadora a sólo pasos del Palacio de La Moneda,  simbolizaba tácitamente un bastión de la influencia que ejercían sus miembros en diversos asuntos gubernamentales.

Es altamente probable que el arquitecto Cifuentes o alguno de los socios del diario, haya conocido o visto en publicaciones de la época al edificio de la rue Réaumur. Su fachada se difundió como un ejemplo a seguir dentro de la arquitectura funcional destinada a grandes instituciones, apareciendo en postales, fotografías y revistas especializadas. Además su emplazamiento lo hacía aún más atractivo, pues se encontraba muy cerca de La Bolsa y presidiendo una de las principales calles comerciales de la capital francesa.

No es extraño entonces pensar que Cifuentes, un arquitecto altamente influenciado por la estética Beaux Arts y los adelantos técnicos de la arquitectura francesa, lo tomara como inspiración para diseñar este nuevo encargo. Su versión por supuesto, se adaptará a la realidad nacional que en ese entonces recién se estaba familiarizando con la construcción en altura, considerando tan sólo cinco niveles para el edificio más una torre de remate, casi idéntica al de su mellizo francés. La estructura se realizó en albañilería de ladrillo con refuerzos metálicos, y el foyer se levanta sobre pilares de hormigón armado que permitió formar un espacio abierto de doble altura.

El resultado fue excepcional. La calidad ornamental del exterior del inmueble es innegable, con diversos detalles, finos estucos y herrerías; sin embargo, el interior es aún más deslumbrante, pues su acceso se hace a través de una escalera imperial dispuesta en una rotonda que se abre a un foyer de doble altura iluminado por ocho grandes vitrales diseñados por el pintor Pedro Subercaseaux.

En torno a este espacio se organizaron los recintos administrativos, oficinas centrales, salones de exposición y una biblioteca con iluminación cenital.

El edificio del Diario Ilustrado en la calle Morandé esquina Moneda en la década de 1920. Fotografía Colección MHN
El espectacular foyer del antiguo Diario Ilustrado, actual Intendencia de Santiago. Fotografía gentileza Leonel Briones, 2016
El edificio de la Intendencia de Santiago en la actualidad. Fotografía de Juan Pablo (flickr  0_miradas_0) , 2016
El espectacular foyer del antiguo Diario Ilustrado, actual Intendencia de Santiago. Fotografía gentileza Leonel Briones, 2016

Desde esta flamante nueva ubicación, el Diario Ilustrado se expandió e incorporó a sus filas a notables personajes como Luis Silva, Paulino Alfonso, Misael Correa Pastene, Jorge Boonen, Joaquín Díaz Garcés y el caricaturista Jorge Délano “Coke”. Sin embargo, la década del veinte fue una época difícil, pues la férrea oposición que mostraba este periódico con el gobierno de Arturo Alessandri generó diversos altercados políticos, y posteriormente, con la llegada al poder de Carlos Ibáñez del Campo, la situación se agravó a tal punto que el diario fue censurado y muchos de sus miembros enviados al exilio. Esta situación produjo además que Ibáñez instara al gobierno a adquirir el inmueble en 1928 para convertirlo en sede de la Intendencia de Santiago, labor que cumple hasta hoy.

Claraboya del antiguo Diario Ilustrado, actual Intendencia de Santiago. Fotografía gentileza Leonel Briones, 2016

Nuestra capital nos entrega a ratos revelaciones como ésta: un edificio orgullo para todos los santiaguinos que tiene un mellizo a más de 11 mil kilómetros de distancia, y que evidencia como ningún otro, la influencia de la arquitectura francesa en los jóvenes profesionales que cambiaron la cara de Chile a principios del siglo XX.

Así como Hermant redefinió los parámetros de la arquitectura moderna en Francia, el legado de Manuel Cifuentes se hace palpable a diario en las numerosas obras que aun subsisten en nuestra capital, reflejos de una época innovadora donde diversas personalidades hicieron su aporte al desarrollo de la arquitectura nacional y nos legaron edificios tan impresionantes como el del Diario Ilustrado, cuyo innegable atractivo no desentonaría en ninguna calle de Paris.

Autores

Mario Rojas Torrejón- Fernando Imas Brügmann

Brügmann, 2017 C

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Bibliografía y fuentes consultadas: – 1. Album Arquitectos de la Universidad Católica- II Congreso Panamericano, Imprenta La Ilustración. Santiago de Chile, 1924 – 2. Qui êtes vous, Annuaire des contemporains. Maison Ehret., G Ruffy Éditeur.  Paris, Francia.  – 3. Revista Monographies de Batiments Modernes. 15 numero. E. Ducher éditeur. Paris, Francia. Fuentes WEB: http://cariatides.canalblog.com/archives/2012/05/20/24306421.html
By | 2017-11-17T05:30:41+00:00 noviembre 13th, 2017|Artículo|0 Comments

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