La carte de visite, un fenómeno del siglo XIX

Cambiar nuestra foto de perfil o tomarnos una selfie para compartirla automáticamente con todos nuestros amigos, es hoy algo muy cotidiano. Sin embargo, para la mayoría de los habitantes del siglo XIX tener un retrato propio era extraño, pues se le consideraba un objeto suntuario y prohibitivo al que pocos podían acceder. Eso, hasta que en 1854 el francés André Adolphe Disdéri patentó un nuevo método fotográfico que permitió masificar y popularizar el arte del retrato; dando origen a la famosa carte de visite. Su aparición fuuna revolución en la industria de la representación que transformó para siempre la forma de compartir con nuestros amigos y familiares; un boom que con bastante imaginación es equiparable al torbellino que produjo la llegada de redes sociales como instagram o facebook en la sociedad actual.

 En Chile también hubo cartes de visite, y hoy los invitamos a revisar algunas pertenecientes a nuestro archivo!

Retrato de R. Correa P, Fotografía Bischoff & Spencer, Valparaíso, 1876

El invento de la fotografía en las primeras décadas del siglo XIX supuso uno de los adelantos técnicos más importantes de la historia mundial: por primera vez nuestra realidad podía ser registrada tal cual era, paralizada para siempre en un instante que lograba traspasar la barrera del tiempo.

Fueron muchos los contribuidores al perfeccionamiento de la fotografía, pero será Louis Daguerre quien revolucionará para siempre la industria, cuando accidentalmente logra obtener una placa positiva única gracias a la evaporación del mercurio, consiguiendo una imagen revelada. Llamará a su invento Daguerrotipo, y será expuesto públicamente en Francia, en 1839.

Su técnica se difundió por todo el mundo, comenzando una fiebre fotográfica que será trasplantada a diferentes países, especialmente de Europa y de América. Fue precisamente en este último continente donde se produjo el primer retrato fotográfico de la historia, cuando Robert Cornelius, un rico empresario y aficionado a la fotografía, tuvo la genial idea de utilizar la cámara de hojalata que el mismo había inventado para retratarse frente a su tienda en Filadelfia.

Es este,  el primero de los retratos que se producirán en todo el mundo, pues el Daguerrotipo –además de la novedad que representaba-, era una alternativa real al tradicional retrato pintado, que hasta ese momento era la única forma de representación, y que por su alto valor, era considerado un bien escaso y de lujo.

Autoretrato de Robert Cornelius. Colección George Eastman Museum

El daguerrotipo comenzó entonces una vertiginosa presencia en todas latitudes. Las grandes personalidades se agolpaban en los estudios fotográficos para retratarse; y algunas expediciones decidieron incluir dentro de la tripulación a fotógrafos experimentados que tuvieran una cámara de daguerrotipo para poder registrar la geografía y las vistas de las ciudades durante el viaje. Ese fue el caso del francés Louis Compte quien zarpó a bordo del buque escuela “Oriental” quien registró en 1840 las primeras imágenes de América del Sur, travesía que terminó frente a las costas de Valparaíso cuando el barco naufragó. Afortunadamente para nosotros, el hecho causó que la cámara de daguerrotipo de uno de los pasajeros se quedara en el puerto, iniciándose tempranamente este arte  en nuestro país. Los chilenos José María Solar,  Raimundo Larraín, José Tomás Urmeneta junto a Edmundo Eastman; Fray Andresito, Juan Esteban Rodríguez (hijo de Manuel Rodríguez), Ramón de la Cavareda y Javiera Carrera Verdugo posaron ante las primeras cámaras de daguerrotipo.

Vista de Valparaíso, daguerrotipo atribuído a Carleton E. Watkins, 1852. Colección Getty Museum. –  Retrato de Javiera Carrera Verdugo, daguerrotipo atribuído a William Helsby, c.1855. Colección Museo Histórico Nacional de Chile

A pesar de la popularidad que alcanzó este invento en la década de 1840, el alto costo de su  producción, así como la imposibilidad de producir copias de la imagen,  transformó al daguerrotipo en un objeto suntuario, delicado, único, al que muy pocos podían acceder.

En 1851 Gustave Le Gray crea en Estados Unidos la técnica del colodión húmedo, un método que reducía a segundos el tiempo de exposición, generando así una baja considerable en los costos y que permitía además la reproducción de la imagen mediante la utilización de copias en papel a la albumina.  Esta invención destronó entonces al daguerrotipo de su lugar privilegiado, permitiendo a cientos de fotógrafos experimentar con nuevos procedimientos que buscaban por sobretodo acercar este arte a la gente.

La carrera por masificar la fotografía da un paso largo en Francia, donde los hermanos Mayer logran capturar numerosas imágenes en un mismo negativo. Paralelamente, su compatriota André Adolphe Disdéri va por el mismo camino, y logra patentar en 1854, una cámara poco convencional con cuatro objetivos, que permitía obtener en una misma toma, hasta ocho fotografías pequeñas en vez de una sola de gran formato. A partir del negativo generado, se podían hacer infinidad de copias en papel albúmina y a mitad de precio. Nace entonces la famosa “carte de visite”.

Retrato de Napoleon III, Emperador de Francia entre 1852 y 1870. Fotografía Carte de Visite, por André-Adolphe Disderi. Paris, 1858. Colección Museo de Orsay
Retrato de Napoleon III, Emperador de Francia entre 1852 y 1870. Disdéri & Cie. Paris, 1858. Col Museo de Orsay

A pesar de lo revolucionario de su invento, Disdéri no logró inmediatamente llamar la atención de la sociedad de la época.  Su estudio de Paris parecía condenado a la desaparición hasta que el Emperador Napoleon III decidió visitarlo para hacerse uno de esos nuevos retratos.

Fue este el puntapié que necesitaba, validada ya su casa fotográfica por el mismísimo gobernante de Francia, la clientela aumentó explosivamente y la carte de visite se convirtió en el objeto más codiciado de toda Francia y luego de toda Europa.

Pero no sólo la técnica era atractiva, sino que también lo eran las poses y los objetos utilizados en su retrato, donde primaban por ejemplo elementos que evidenciaran la profesión del fotografiado o su naturaleza moral, valiéndose además de plintos, telones de fondo, cortinajes e indumentaria. El retrato en sí mismo se convertía en una carta de presentación de la persona, en una verdadera tarjeta de visita contemporánea. La casa Disdéri en el 8 boulevard des italiens en Paris, se promocionaba hacia 1870 como “Los fotógrafos de su majestad el Emperador” (Photographes de S.L.M. L’EMPEREUR), y lo consignaba al reverso de los cartones de sus fotografías. El local tenía dos niveles, y tal fue su éxito que abrió temporalmente sucursales en Madrid, Roma y Londres.

Sin preverlo, Disdéri también provocó una fiebre por el coleccionismo fotográfico, contribuyendo a la generación de un verdadero rito social donde las grandes familias –en  un principio- acudían en masa a retratarse para poder entregar su imagen a los amigos y parientes, todas con pequeñas dedicatorias; que eran agrupadas en álbumes fotográficos.  De ese modo el retrato de cada uno de nosotros podía estar ahora presente en las casas de todos nuestros seres queridos, sin importar cuán lejos estuvieran. Con bastante imaginación este sistema se relaciona a las redes sociales actuales, como Facebook o Instagram, tu perfil agrupa amigos y familiares, permitiendo a cada uno verse e interactuar de cierta manera a través de los mensajes, relacionándose entre sí por medio de estas reducidas imágenes, en un pequeño universo propio donde tú eliges con quien compartirlo.

Volviendo al 1800, el álbum se convirtió en un objeto esencial, en un ente aglutinante y de cohesión que mostraba los lazos familiares por un lado, y los vínculos de amistad de cada propietario, posicionándolo a nivel social entre sus pares. El álbum fotográfico estaba siempre a la vista en los salones, era común que se mostrase a los recién llegados, y que se exigiera tácitamente el intercambio de cartes de visite a todo nuevo miembro del círculo social, huésped o extranjero, como una muestra de respeto y cortesía.

Para continuar con este boom, las diversas casas de fotografía que adoptaron el formato de carte de visite, comenzaron a ofrecer retratos de las celebridades de la época, desde miembros de la realeza, hasta figuras del espectáculo artístico como actores, músicos, cantantes y bailarinas. Ejemplos de este tipo de álbum existen muchos, pero sin duda el más conocido es el que perteneció a Isidora Zegers, que contiene diversas cartes de visites con retratos de su familia, amistades, realeza europea, artistas de moda, firmas y dibujos.

Disdéri no logrará mantener su fama y fortuna, la proliferación de estudios fotográficos precipitará su ruina, y morirá pobre trabajando como fotógrafo ambulante en Niza. Entre los grandes personajes que posaron para él se encuentra el Emperador Napoleon III, la Emperatriz Eugenia y su familia, el pintor Horace Vernet, la soprano Pauline Viardot, el compositor Giuseppe Verdi, el rey Vittorio Emanuelle II, la actriz Adelaide Ristori y la princesa rusa Olga Troubetzkoy (condesa Oustinoff) quien más tarde se casará con Florencio Blanco, el hijo del Almirante Blanco Encalada.

Retrato del músico Giusseppe Verdi, 1855.  Disderi & Cie. Biblioteca Nacional de Francia
Retrato del rey Vittorio Emmanuelle II de Italia, 1859. Disderi & Cie. Biblioteca Nacional de Francia
El pintor Horace Vernet, 1862. Disderi.
Retrato del pintor Horace Vernet, 1862.  Disderi & Cie. Biblioteca Nacional de Francia
Retrato de la soprano Pauline Viardot, 1859. Disderi & Cie. Biblioteca Nacional de Francia
Retrato de la actriz Adelaide Ristori, c.1860.  Disderi & Cie. Biblioteca Nacional de Francia
Retrato de Olga Troubetzkoy, Condesa de Oustinoff, 1860. Disderi & Cie. Col Museo de Orsay

Pero no es a través de ella que la carte de visite llega a nuestro país, sino que se le atribuye este suceso a Francisco Javier Rosales, el más connotado de los embajadores que tuvo Chile en Francia, quien además de promover las relaciones internacionales, fue el principal gestor de la llegada a Chile de las nuevas tendencias estilísticas, las artes decorativas y adelantos técnicos  del viejo continente. Desde 1855 y principalmente durante la década de 1860, los estudios fotográficos locales implementarán la carte de visite dentro de su oferta, retratando a la mayor parte de la sociedad chilena que podía costear un objeto como éste. Son pioneros de esta tendencia la Casa Helsby y Cía,  Mythos, Emilio Chaigneau, J.A. Ovalle y Ca., Leslye Hnos., Emilio Lavoisier, Miguel Cunich, Carlos Díaz, Emile Garreaud, Marcich y Cía., entre otros. Todos comparten la enorme calidad técnica del retrato, así como también el atractivo manejo de la pose –aun ligada al ámbito academicista- y la excelente factura a nivel material, donde prima el uso de cartones de buena calidad, bordes redondeados, y sellos del estudio, que compiten en originalidad y belleza.   De esa época es el retrato de Mariano Sánchez Fontecilla, del político Manuel Antonio Tocornal disfrazado para un baile, de Eugenia Borgoño junto a su hija la escritora Martina Barros, y del Arzobispo Mariano Casanova, hoy pertenecientes a la colección del Museo Histórico Nacional. O de los políticos Álvaro Covarrubias, Luis Pereira (el dueño del palacio Pereira); el Presidente Federico Errázuriz y la filántropa Antonia Salas de Errázuriz, partes del archivo de la Biblioteca Nacional de Chile.

Dorso de carte de visite con el sello de la casa Leslye Hnos., Santiago c.1860. Archivo Brügmann
Retrato de Manuel Antonio Tocornal Grez, disfrazado de Kaiser. 1862 Colección MHN
Dorso de carte de visite con el sello de la casa Chaigneau y Lavoisier c.1860. Archivo Brügmann
Retrato de la filántropa Antonia Salas de Errázuriz. c.1860. Colección BN de Chile
Dorso de carte de visite con el sello de la casa Helsby y Ca., c.1860. Archivo Brügmann
Retrato del diplomático Mariano Sánchez Fontecilla, c. 1860. Colección MHN

De nuestra colección podemos destacar un retrato de Carmen Gómez de 1865 del estudio Marcich, dos retratos de un hombre no identificado del estudio Leslye Hnos., de principios de 1860; el retrato de E. Oyaneder del estudio Chaigneau y Lavoisier del mismo período; el retrato de Artemón Cifuentes (hermano de Abdón Cifuentes) del estudio Garreaud, de 1870; de Eloise Lebrun (hermana de la educadora Isabel Lebrun) de c.1865; de María Salomé Leiva con un curioso vestido y peinado, del estudio F. Valenzuela; de los hermanos Luis y Mercedes Arrieta Cañas disfrazados en 1865 del estudio Fotografía Alemana, y la de Carmen Vicuña de Marín datada en 1866 (ambas pertenecientes a la donación Marín Arrieta); el retrato de una pequeña niña en 1860 (parte de la donación Soto Vio); del inglés  y padre de la Armada chilena Lord Cochrane, del estudio Helsby y Cía.; y un valioso retrato del Presidente Aníbal Pinto Garmendia, del fondo Nelson Sotomayor.

Retrato de hombre n/i, Santiago , Estudio Leslye Hnos. c.1860. Archivo Brügmann
Retrato de niña n/i con vestido, sentada en un canapé, c. 1865.  Archivo Brügmann
Retrato de mujer n/i,  Santiago, estudio Garreaud c. 1870. Archivo Brügmann
Retrato de Ma Salomé Leiva, Estudio F. Valenzuela, Santiago, 1873. Archivo Brügmann
Retrato de Eloise Lebrun Reyes, Santiago, c.1865. Archivo Brügmann
Retrato de mujer n/i, c.1865. Archivo Brügmann
Retrato de E. Oyaneder, Valparaíso, Estudio Chaigneau y Lavoisier. c.1865. Archivo Brügmann
Retrato de Luis y Mercedes Arrieta Cañas, Santiago, c. 1865. Archivo Brügmann
Retrato de Elvira Castro, estudio J.J. Berges, Santiago, c. 1860. Archivo Brügmann
Retrato de joven n/i,  Fotografía Porteña M. Marcich, 1871. Archivo Brügmann
Retrato de Lord Cochrane, Valparaíso , Estudio Helsby y Ca. c.1870. Archivo Brügmann
Retrato de joven n/i, Copiapó, c.1870. Archivo Brügmann
Retrato de mujer n/i, estudio Carlos Díaz, Santiago, c. 1860. Archivo Brügmann
Retrato de Demófila Pizarro, estudio Carlos Díaz, Santiago, c. 1865. Archivo Brügmann
Retrato de Carmen Vicuña, estudio J.J. Berges, Santiago, c. 1866. Archivo Brügmann
Retrato de niño n/i con sombrero de marino, Santiago, c.1870. Archivo Brügmann
Retrato de niña n/i, Santiago, Estudio Garreaud c.1870. Archivo Brügmann
Retrato del Presidente Aníbal Pinto, Santiago, c.1870. Archivo Brügmann

La carte de visite caerá en desuso hacia 1880, pero tendrá un leve resurgir durante la Guerra del Pacífico,  porque su tamaño facilitaba su fácil transporte, ideal para ser llevada como recuerdo por quienes partían al campo de batalla. Es el caso de José María Cifuentes, quien envía su retrato tomado en el estudio Rodrigo y Cía., de Tacna durante la Guerra del Pacífico, con esta inscripción “Dedico este pequeño recuerdo a mi querida hermana Eloísa, su hermano José Ma Cifuentes”. De la misma época es el afectuoso recuerdo que hace U. Jaramillo a su amiga Eloísa Cifuentes en una carte de visite de 1883 “Consagro este recuerdo a mi complaciente amiga Eloisa, fresca flor que enciende en  mi las divinas luces de la alegría. Placilla, 1883”. Y un poco anterior es la carte de visite que entrega Federico Navas “A mi querida y simpatícima Juanita P. de González. Federico Navas, dic. 1879”.

Retrato de José María Cifuentes, estudio Rodrigo y Cía. Tacna c. 1880. Archivo Brügmann
Retrato de U. Jaramillo, Fotografía Colombiana, Santiago. 1885. Archivo Brügmann
Retrato de Federico Navas,  1879. Estudio Guillermo Cunich, Valparaíso. Archivo Brügmann

Las nuevas técnicas y la llegada de novedosos formatos como el cabinet o el imperial relegaron a la carte de visite a un sitio mucho menos preponderante, pues ya no representaba una novedad a fines del s.XIX. Continuó utilizándose para complementar los álbumes de familia, era muy popular en las provincias, pero también para retratar a ciudadanos de clase media, que por primera vez podían acceder al retrato gracias a una importante reducción en los costos de este tipo de imágenes, logrando que la fotografía se convirtiera paulatinamente en un arte masivo. De ese período son comunes encontrar retratos de los estudios Fotografía Central V. Lopez en la calle Estado, G. Pérez Fontt en la calle Puente o Foto Arenas de la calle Rosas, como muestran estos dos retratos de nuestro archivo:

Retrato de Emma Parker Lara de Lizana, Quillota, 1903. Archivo Brügmann
Retrato de hombres n/i, Fotografía Central V. Lopez G., c. 1900. Archivo Brügmann
Retrato de hombre n/i, Fotografía G. Pérez Fontt, c. 1900. Archivo Brügmann
Retrato de mujeres n/i con manto, Fotografía Arenas, c. 1900. Archivo Brügmann
Retrato de Virginia Solís de Ovando, Fotografía Central. 1910. Archivo Brügmann
Retrato de Luis Aguirre Cerda, Fotografía Central, c. 1895. Archivo Brügmann

Hoy la carte de visite resurge como pieza fundamental de nuevos coleccionistas como nosotros, que atesoramos esos pequeños cartones de no más de 10×7 cm, con la imagen de habitantes de un pasado ya muy lejano, que sin duda alguna, apostaron todo lo que tenían por tomarse –el tal vez único- retrato que les concediera  una forma de inmortalidad.

Autores

Mario Rojas Torrejón- Fernando Imas Brügmann

Brügmann, 2017 C

Este es sólo un extracto de nuestra investigación, si tienes más información de la casa, te gustaría aportar con imágenes o algún antecedente nuevo, no dudes en escribir a contacto@brugmann.cl; y así contribuirás junto a nosotros al rescate de la memoria patrimonial de todos los chilenos. Se prohibe la reproducción parcial o total del artículo. Derechos de propiedad intelectual protegidos.
Bibliografía y fuentes consultadas: – 1. Album d’atelier: portraits format cartes de visite(1852-1871). Adolphe Eugène Disdéri. Colección Biblioteca Nacional de Francia. – 2. Del Valle, Félix. La carte de visite: el objeto y su contexto. Universidad Complutense de Madrid. 2013 – 3.Müller, E., Imas, F. et al. Retratos de Hombre: 1840-1940. Ediciones Museo Histórico Nacional de Chile. 2015 – 4. Rodríguez, Hernán. Fotógrafos en Chile durante el siglo XIX. Centro Nacional de Patrimonio Fotográfico. Santiago de Chile. 2001 – 5. Rojas, José Luis. La tarjeta de visita: Popularización del retrato fotográfico en el México del siglo XIX. En: Mexico en el Tiempo n20. Ciudad de México, 1991 -6. Sánchez Vigil, Juan. la puerta de atrás: los dorsos de las cartes de visites. En: Una imagen para la memoria: la carte de visite, Colección de Pedro Antonio Alarcón. Madrid. Fundación Lazcano Galdeano, 2011.
By | 2017-10-01T04:16:50+00:00 agosto 19th, 2017|Artículo, Noticias|1 Comment

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One Comment

  1. Janette agosto 20, 2017 at 2:01 pm - Reply

    Excelente artículo. Se agradece el rescate del patrimonio y la amena e interesante forma de expresarlo. Es una fotografía expuesta de nuestra historia. Un retrato de la identidad de todos. Gracias.

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