Niños del Pasado

¿Sabes si tu tatarabuela de niña elegía el color de su vestido, o si tenía permitido ir al colegio?, ¿Te contó tu bisabuelo si de niño jugó con su padre o si alguna vez besó su mejilla? Te parecerá extraño, pero lo más probable es que no.

El niño como concepto de derecho es algo relativamente nuevo, y hasta bien entrado el siglo 19, el pensamiento de nuestros antepasados se limitaba a considerar la infancia como una mera etapa de transición a la adultez, donde el niño como ser en desarrollo, con personalidad, cuidados e intereses especiales, no existía.

De estos “adultos en miniatura” está lleno de ejemplos en las viejas fotografías, como las que veremos a continuación en esta selección de las mejores imágenes infantiles de nuestro archivo!

Niños en el quiosco de la laguna del Parque Forestal en Santiago, 1912. Archivo Brügmann

Hoy es común ver a nuestros niños vestir los colores que quieren, llenarse las manos de juguetes y figuritas de las series de moda; y concentrar la atención de los adultos al extremo de ser ellos quienes definen dónde ir, qué hablar e incluso qué comer. Sin embargo, esta situación no surgió de repente y es parte de todo un proceso donde el niño pasó de ser un mero individuo sin alma, a un ser humano con derechos plenos.

No sé si habrás escuchado del infanticidio, una práctica recurrente y totalmente aceptada en las antiguas civilizaciones, donde miles de recién nacidos eran abandonados a su suerte o asesinados, pues aunque no lo creas, no eran considerados seres humanos hasta por lo menos el año de vida. Esto se debe principalmente a la creencia de que el infante era el habitáculo de un demonio que vivía ahí hasta que el niño comenzaba a mostrar sus primeros esbozos de razón y entendimiento.

Esta nula capacidad de ver al recién nacido como parte de la familia se debe también a la precariedad de las condiciones de la época, donde las enfermedades, la desnutrición, los descuidos y accidentes, hacían muy difícil la sobrevivencia de los menores, y por lo mismo no alcanzaban a tener una presencia permanente que permitiera darles un valor dentro de la sociedad, situación que se extendía incluso a las madres, quienes por lo general, no creaban ningún tipo de apego inmediato con estos seres tan efímeros.

Por lo mismo es común escuchar historias en el pasado, donde muchos recién nacidos eran seleccionados para sobrevivir, teniendo los hombres la ventaja porque podían ser una fuente de trabajo, mientras que las niñas en su mayoría eran “desechadas” dejándolas en las plazas para ser adoptadas o morir de inanición. Peor suerte corrían las guaguas con malformaciones o discapacidades, que eran asesinadas siendo arrojadas a alcantarillados o precipicios.

El mito de Rómulo y Remo -que dio origen a la fundación de Roma- nace de un infanticidio frustrado, cuando el rey Amulio ordena el asesinato de los gemelos recién nacidos de su sobrina Rea Silvia, quienes son arrojados en una canasta al río. Los niños se salvan cuando la canasta llega hasta una orilla, donde son acogidos por una loba que lo alimenta, evitando así su muerte. Acá vemos una alegoría a esta interesante leyenda de la antigüedad, realizada por el pintor Peter Paul Rubens en 1615, hoy resguardada por el Musei Capitolini de Roma.

A los cinco o seis años el niño recién era ya parte de la familia y la sociedad, los pertenecientes a los grupos más acomodados podían ser educados, mientras que los menos favorecidos debían trabajar. Había muy pocos ratos para los juegos –muñecas, pelotas y espadas, parecen haber sido los favoritos-, casi ninguno lograba diferenciarse del otro y su vestimenta era casi uniformada. La infancia duraba un corto tiempo, y ya a los 13 o 14 años, los niños y niñas estaban listos para casarse e iniciar plenamente su vida como adultos.

Este pensamiento se mantendrá durante la Edad Media donde los filósofos de la Iglesia Católica como Tomás de Aquino considerarán a los más pequeños como un Homúnculo (hombre en miniatura), y deben asumir responsabilidades adultas como el trabajo. La situación comienza de a poco a cambiar durante el Renacimiento y los siglos XVI y XVII, surgiendo las primeras voces que estudian la necesidad de crear hábitos en los niños para su correcto desarrollo, complementado a una educación maternal primero y luego escolarizada.

El siglo XVIII traerá en Europa el advenimiento de la revolución industrial generando una serie de maquinarias capaces de realizar diversos trabajos mecánicos, suprimiendo buena parte del trabajo infantil, dejando ahora a los niños en sus casas con ratos de ocio larguísimos. Por primera vez los niños tienen tiempo para desenvolverse a sus anchas, y es el mismo Jean-Jacques Rousseau quien publica un libro llamado “Émile, ou de L’Éducation” que se hace muy popular en Francia, teniendo entre sus principales aportes el alejamiento de la idea de la maldad innata del ser humano, postulando que el niño nace bueno por naturaleza, y es obligación de la sociedad adaptarse a su nivel para lograr una correcta crianza capaz de adaptar los hábitos de este ser en vías de ser adulto. Entre otras cosas expone también que el niño es un sujeto con intereses y características propias, que la educación debe ajustarse a sus necesidades y que la mujer debe ser incluida en esta escolarización.

La Francia de la revolución abogará posteriormente por las libertades individuales de los niños, mientras que las corrientes inglesas considerarán a estos pequeños individuos como seres moldeables a través de la rectitud y el castigo. No existe aún un consenso sobre la educación infantil, pero al menos es un tema ya debatido. Durante el  siglo XIX, el comercio se expande y comienzan a surgir productos infantiles  especiales para los niños que por primera vez podrán obtener beneficios de su condición a través de programas educativos especiales, kindergartens, la fabricación masiva de juguetes, espacios de ocio, juegos infantiles; y la aparición en el mercado de ropa hecha a medida para niños, que aunque en términos de estilo y color no se alejaban mucho de la indumentaria adulta, su versión en miniatura era todo un avance para crear consciencia que el niño era un individuo. Asimismo, libros y revistas misceláneas publican artículos del cuidado materno y paterno, cuentos infantiles e incluso figurines para fabricar ropa de muñecas o armar carretas con caballos; contribuyendo a mejorar la relación del niño con sus padres, que se hace mucho más cercana.

Martina Barros Borgoño de Orrego (1850-1944) intelectual, escritora y una de las precursoras del feminismo en Chile. Colección Particular.

Chile no quedará ajeno a esta tendencia mundial, y esta vida mucho más amigable con los más pequeños se ve reflejada en relatos de la época, como los de la escritora Martina Barros Borgoño, quien comentará en sus memorias “En la esquina [de la casa] teníamos una pieza llena de sol y de luz exclusivamente para que jugáramos Manuel y yo, siempre acompañados de una sirviente que nos vigilaba y de muchísimos juguetes que nuestro padre nos encargaba a Europa por cajones… la afición principal de Manuel en aquel tiempo, como la de todos los niños, era jugar a los caballos y como yo tenía el cabello largo y abundante y peinado en dos trenzas, éstas eran las riendas obligadas de que se servía Manuel para gobernarme… Por las tardes cuando mi papá llegaba del almacén, la fiesta para nosotros era más grande, pues, entonces él era el caballo que nos tiraba en un carruajito en que nosotros montábamos. Otras veces nos sacaba a comprar dulces y nos hacía mil  bromas con que nos entretenía hasta la hora de comer. Nosotros comíamos temprano, y después mis padres…”

En: Barros, M. Recuerdos de mi vida. Editorial Orbe, Santiago de Chile. 1942. Pág. 36

Claro está que la situación de Martina Barros es excepcional dentro del panorama chileno, pues la mayoría de los niños viven en la pobreza e indigencia junto a sus madres, muchos de ellos no tienen padre, y otros tantos son abandonados en orfanatos, como el de La Providencia que acogía en 1912 a 6000 mil niños. El trabajo infantil en Chile es altísimo, se desempeñan en distintos labores, en industrias, los talleres, en viviendas particulares, ventas callejeras e incluso la minería, donde trabajarán como pirquineros o mineros en salitreras y carboníferas. Los más postergados serán víctimas de la delincuencia, convirtiéndose en pelusas y choros que viven en las calles robando para sobrevivir; asimismo la escolaridad infantil será bajísima, y por si fuera poco la mortalidad en niños y niñas alcanzará niveles desesperantes a principios del 900, cuando los decesos de infantes afectaban al 50,2% de los nacidos vivos.

Niños y niñas vendedores en las inmediaciones del Mercado Central de Santiago.  Al fondo se ve un puente sobre el río Mapocho. 1899. Archivo Patrimonial Brügmann

En 1902 la importancia del trabajo infantil queda de manifiesto cuando se inicia una larga huelga de suplementeros producto de un alza en el valor del Diario Ilustrado, el más popular del momento, generando un profundo malestar económico en los vendedores.  En esa época los diarios no tenían locales de venta establecidos, y eran precisamente los suplementeros, en su mayoría niñas y niños de mediana edad, quienes distribuían en la calle los periódicos. La huelga tuvo tal repercusión que obligó al diario a bajar los precios, y marcó un precedente a nivel social, un cuestionamiento público en las autoridades quienes comenzaron a velar por un control del trabajo infantil. “La justificación que se dio para controlar esta actividad radicaba en que este gremio estaba formado principalmente por niños y niñas de corta edad, que carecen, por lo general de padres y de hogar, circunstancias que favorecen el desarrollo de malos hábitos, vicios e inmoralidades”[1].

[1] En: Rojas, J. Los suplementeros: los niños y la venta de diarios. Ediciones Ariadna, Santiago de Chile. 2006 Pág. 67
Niños mapuche tocando un kultrun, en las inmediaciones de Concepción. 1899. Archivo Patrimonial Brügmann
Hombre y niña mapuche junto a un telar en las inmediaciones de Concepción. Foto B. Hermann, 1899. Archivo Patrimonial Brügmann
Retrato de niño N/I con telón de fondo en estudio fotográfico improvisado, c. 1920. Archivo Brügmann
Retrato de niña N/I con pelo corto, presumiblemente producto de una manda religiosa, c. 1870. Archivo Brügmann
Retrato de estudio de niña N/I posando junto a un plinto, c. 1880. Archivo Brügmann

Hacia 1920 se aprueban la Ley de Instrucción Primaria Obligatoria –que regulaba la escolarización infantil- y las Leyes Laborales; que junto a una concientización de los derechos, la creación de orfanatos modelos como la Ciudad del Niño, y una mejora en las condiciones económicas y sociales, comenzaron a reducir  paulatinamente el trabajo infantil. En la misma época Cora Mayers, quizás la más desconocida de las mujeres pioneras de la medicina latinoamericana; traerá a Chile la enseñanza de la puericultura (cuidados del niño), creando el Servicio de Pediatría del Hospital San Borja, donde aplicó los nuevos tratamientos médicos de vanguardia que ayudaron a bajar la mortalidad infantil. Además creó la Sociedad de Pediatría y fundó la Escuela de Enfermería de la Universidad de Chile, prometedora carrera que se vio truncada por su prematura muerte en 1931.

Gracias a estos avances la calidad de vida de los niños mejoró, y a los espacios de ocio se sumaron también comunidades de niños organizados bajo la bandera de los Boys Scouts y Guide Girls, muy populares entre la clase media y la élite de ese entonces.

Postal de Cora Mayers. Otros chilenos destacados en: www.brugmann.cl/personajes
Grupo de niños Boys Scouts de campamento, c. 1910, Archivo Patrimonial Brügmann
Grupo de alumnas disfrazadas en el Santiago College, 1899. Archivo Patrimonial Brügmann
Grupo de niños Boys Scouts de Valdivia. Fotografía c. 1935, Archivo Patrimonial Brügmann
Grupo de niños Boys Scouts en un estanque, c. 1910, Archivo Patrimonial Brügmann
Curso de primaria del Concepción College, 1899. Archivo Patrimonial Brügmann

Los años 20, 30 y 40 tendrán ya a los niños como protagonistas, surgen revistas especiales con historietas y juegos infantiles como Simbad, El Cabrito y la muy popular El Peneca donde participarán grandes artistas como Joge Délano (Coke), Elvira Santa Cruz Ossa (Roxane) y la ilustradora Elena Poirier. Asímismo el comercio también descubrirá la importancia del mundo infantil, implementándose en las grandes tiendas de departamentos como Gath & Chaves, Casa Francesa o Los Gobelinos; secciones especiales para niños, destacando en ese rubro la mítica Juguetería Krauss, cuyo inmueble principal en la esquina de calle Puente y Catedral, era el paraíso de los niños de la época “Cada mañana en el mismo sitio, mi corazón empezaba a latir: era que íbamos a enfrentar el bazar alemán de Krauss, la más importante juguetería de Santiago, con sus vitrinas atestadas de lujosos juguetes… mis ávidos ojos alcanzaban a divisar la aglomeración de maravillas guardadas adentro. Y los colores vivos de aquellos juguetes dispuestos en hilera hasta el techo me cegaban un momento, produciéndome un especie de vértigo…”, comentará María Flora Yáñez en sus memorias[1].

[1] En: Flora, M. Visiones de infancia. Editorial del Pacífico. Santiago de Chile. 1960. Pág. 41
El Bazar Krauss, edificio comercial construido por el arquitecto Eugenio Joannon en la esquina de calles Puente y Catedral. Fue demolido en 1980. Colección MHN

Los niños y niñas seguirán ganando terreno en el mundo. En 1989 se produjo la Convención sobre los Derechos del Niño de las Naciones Unidas, donde se reconoció que todos los menores de 18 años necesitan de un tratamiento y protección especial, dando origen a los famosos Derechos del Niño, cuya ratificación del tratado se produjo en nuestro país en 1990.

Hoy, cuando conmemoramos otro del Día del Niño y está más latente que nunca en la contingencia nacional los terribles sucesos que ocurren a tantos menores desvalidos día tras día; se hace necesario recordar el enorme camino que debieron enfrentar esos pequeños del pasado, para lograr que la mayoría de nosotros pudiéramos tener una infancia querida y protegida.

Los invitamos a ver esta galería de imágenes de Niños y Niñas, pertenecientes a nuestro Archivo Patrimonial Brügmann:

Retrato de estudio de guagua con sonajero, c. 1880. Archivo Brügmann
Retrato de estudio de niño N/I con bastón, c. 1890. Archivo Brügmann
Retrato de estudio de niña N/I con muñeca, c. 1890. Archivo Brügmann
Retrato de estudio de niño N/I junto a un perro, c. 1860. Archivo Brügmann
Retrato de estudio de niño N/I, c. 1880. Archivo Brügmann
Retrato de estudio de niño N/I con bastón, c. 1870. Archivo Brügmann
Retrato de estudio de niño N/I con sombrero de la Marina Chilena, c. 1870. Archivo Brügmann
Retrato de Luis y Mercedes Arrieta disfrazados, c. 1865. Donación familia Marín Arrieta, Archivo Brügmann
Retrato de Francisco Leiva Torres, c. 1880. Donación Felipe Vargas,  Archivo Brügmann.
Grupo de niños N/I junto a un perro, en el corredor de una casa. Se puede ver inscrita la frase “Tres diputados para más tarde”, c. 1910. Archivo Brügmann.
Grupo de niños N/I con instrumentos musicales en el corredor de una casa, al fondo la ventana permite ver el interior de un dormitorio, c. 1910. Archivo Brügmann.
Retrato de niño N/I posando con un periódico, en el patio de una casa, c. 1900. Archivo Brügmann
Retrato de Rosa Pereira de Arrieta junto a su hijo Laín, c. 1915. Donación familia Marín Arrieta, Archivo Brügmann.
Hombre N/I con sombrero tipo bowler junto a un niño y una niña en el corredor de una casa, c. 1910. Archivo Brügmann.
Retrato de estudio de Elisa y Maria García Huidobro Espic, foto E. Garreaud, 1878. Archivo Brügmann.
Retrato de la familia Pérez en el jardín de una casa, c. 1890. Archivo Brügmann.
Retrato de estudio de niña N/I, c. 1880. Archivo Brügmann.
Niña N/I en traje de baño en una playa, c. 1915. Archivo Brügmann
Niña N/I en traje de baño en una playa, c. 1915. Archivo Brügmann
Niña N/I en traje de baño en una playa, c. 1915. Archivo Brügmann
Rosarito y Tola Boonen, c.1860. Donación del Instituto de Genealogía, Archivo Brügmann.
Retrato de estudio de niña de la familia Caviedes. Fotografía Garreaud, c.1875. Archivo Brügmann.
Amelia Saavedra, c.1895. Donación del Instituto de Genealogía, Archivo Brügmann.
Retrato de niñas N/I en el patio interior de una casa, c. 1905. Archivo Brügmann.
Retrato de niños Pérez Valdés disfrazados en la terraza de una casa, c.1915. Archivo Brügmann.
En el patio de una casa del Parque Forestal, una mujer llena de agua una bañera de metal para jugar con una niña. 1929. Archivo Brügmann.
Retrato de niño junto a su “mama”, al fondo un telón con el Oropesa, el barco que trajo a Chile al Príncipe de Gales. 1925. Archivo Brügmann.
Hombre y niña N/I con su muñeca, c. 1875. Archivo Brügmann.
El diputado e industrial Osvaldo Pérez Sánchez junto a sus nietos, en el patio interior de una casa. c.1925. Archivo Brügmann.
Inés Covarrubias, Carlos Zañartu, Manuel Zañartu, Alberto Zañartu y Santiago Covarrubias, en un parque. c.1905. Donación Instituto de Genealogía,  Archivo Brügmann.
Retrato de estudio de niño disfrazado de cosaco, c.1950. Archivo Brügmann.
Niños de la familia Errázuriz haciendo una ronda en el fundo Panquehue, c.1890. Donación familia Searle, Archivo Brügmann.
Niños de la familia Arrieta Pereira, c.1905. Donación familia Marín Arrieta, Archivo Brügmann.
Fidel Muñoz Cano con su perro en el patio de su casa de Viña del Mar. Esta foto fue tomada por él, y ganó el premio de ser publicada en la revista Zig-Zag. Foto  c.1905, donación Pablo Schaffhauser. Archivo Brügmann
Los niños Eugenio y Lucía Vidal Tagle junto a una caja multijuegos acompañados de sus padres, el ingeniero  Nicanor Vidal Pizarro y Ana Tagle Salinas, en el fundo Mira Ríos cercano a Vichuquén. Fotografía c.1900. Donación Eduardo Vidal Varas, Archivo Brügmann.
Retrato de estudio de mujer y niña N/I. Fotografía c.1925. Archivo Brügmann.
Retrato de Tito junto a su hijo. Fotografía c.1925. Archivo Brügmann.
Retrato de estudio de Julio Castro. Fotografía c.1930. Archivo Brügmann.
Niños junto a cartel de la Cruz Roja, con motivo de la recolección de víveres para las fuerzas aliadas en la Primera Guerra Mundial, en Santiago. Foto 1916, Archivo Brügmann.
Niños jugando con un antiguo avión planeador de madera en Santiago. Fotografía c.1915. Archivo Brügmann.
Familia jugando con un antiguo avión planeador de madera en Santiago. Fotografía c.1915. Archivo Brügmann.
Retrato de Carmen y Sergio Marín Correa en Zapallar. Fotografía 1916. Donación familia Marín Arrieta, Archivo Brügmann.
Los hermanos Manuel, Matilde y Vicente Rodríguez Ortíz, disfrazados, Fotografía Guerrero, 1936. Archivo Brügmann.
Retrato de Linita Álvarez en Coquimbo. Fotografía 1941. Archivo Brügmann.
Retrato de niños N/I en el jardín de una casa. Fotografía c.1910,  Archivo Brügmann.
Retrato de niños N/I . Fotografía c.1915, Archivo Brügmann.
Niña N/I tocando el piano en el interior de una casa. Fotografía c.1910, Archivo Brügmann.
Retrato de niños N/I frente a la Quinta Bennett en Antofagasta. Fotografía c.1940. Archivo Brügmann.
Retrato de las mellizas Ximena y Soledad Arrieta vestidas con uniforme del colegio SSCC Monjas Francesas. Fotografía c.1930. Donación Marín Arrieta, Archivo Brügmann.
Retrato de niña N/I junto a una silla. Fotografía c.1935, Archivo Brügmann.
Retrato de los hermanos Guillermo y Mario Imas en San José de la Mariquina. Fotografía 1939. Archivo Brügmann.
Retrato de estudio de niños N/I. Fotografía c.1925, Archivo Brügmann.
Retrato de niños vestidos con traje tipo marinero. Fotografía c.1935, Archivo Brügmann.
Retrato de niñas disfrazadas de pierrette y de holandesa en el jardín de una casa. Fotografía c.1910, Archivo Brügmann.
El músico Ubaldo Grazioli y dos niños en el cerro Santa Lucía, Santiago. Fotografía c.1935, Archivo Brügmann.
Hombre y niño en la calle Artesanos de Santiago, al fondo se ven las dependencias del antiguo instituto de higiene c.1930, Archivo Brügmann.
Retrato de niños N/I, uno de ellos montado sobre un burro. Fotografía c.1925, Archivo Brügmann.
Retrato de estudio de niño N/I vestido con traje tipo marinero y sombrero del barco Lord Cochrane. Fotografía c.1945, Archivo Brügmann.
Niño disfrazado en el jardín de la Quinta Goluillier en Quilpué. 1920. Donación Maida Matte. Archivo Brügmann.
Retrato de estudio de Luisa Ballas. Fotografía F. Leblanc, c.1875. Archivo Brügmann.
Vestido usado por Luisa Ballas para la fotografía tomada en el estudio F. Leblanc, c.1875. Archivo Brügmann.
Niños en el antiguo quiosco de la laguna del parque Cousiño (hoy O’Higgins). 1922.  Archivo Brügmann.
Ursula y Veronica Altmann junto a su abuela Rosa Levy, en la calle Luis Montaner, Providencia. Fotografía 1961. Archivo Brügmann.
Los hermanos Vicente, Matilde y Manuel Rodríguez Ortíz. Fotografía c.1940. Archivo Brügmann.
Retrato de niña N/I con una muñeca, en exterior. Fotografía c.1930, Archivo Brügmann.
Retrato de Jorge Petrinovic, en traje tipo marinero. Fotografía 1928. Donación Josefina Petrinovic, Archivo Brügmann.
Niños Petrinovic disfrazados de conejo, durante la Pascua de Resurrección. Fotografía 1928. Donación Josefina Petrinovic, Archivo Brügmann.
Composició fotográfica con retratos de Ursula y Peter Altmann. Fotografía Suse Byk, 1925. Archivo Brügmann.
Niña en un balancín o sube y baja. Fotografía Hans Storandt, c.1960. Archivo Brügmann.
Niños frente a la iglesia de Los Dominicos. Fotografía Hans Storandt, c.1960. Archivo Brügmann.
Niños junto al tronco de un árbol, en el sur de Chile. Fotografía Hans Storandt, c.1960. Archivo Brügmann.
Alumnos del colegio San Ignacio El Bosque, al fondo el mural “Homenaje a Fray Angelico” de Mario Carreño. Fotografía Hans Storandt, c.1960. Archivo Brügmann.
Niños jugando en el parque central de Av. Américo Vespucio, al fondo el monumento a Isabel La Católica. Fotografía Hans Storandt, c.1960. Archivo Brügmann.
Niños jugando en la calle Cirujano Guzmán, al fondo, la Iglesia Divina Providencia. Fotografía Hans Storandt, c.1960. Archivo Brügmann.

Autores

Mario Rojas Torrejón- Fernando Imas Brügmann

Brügmann, 2019 C

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By | 2019-08-12T04:00:46+00:00 agosto 11th, 2019|Artículo|1 Comment

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  1. Eugenia agosto 11, 2019 at 8:06 pm - Reply

    Maravilloso relato y fotos fantásticas, muy evocadoras de nuestro pasado.

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